Entre
Maracay y el mar, una amplia zona montañosa y salvaje
se convirtió en, a partir de 1937, el parque nacional
Rancho Grande, más tarde reelegido Henri Pittier
en memoria del naturalista suiza que se pegó para protegerla
contra la hacha y el fuego. Este parque nacional, el primero
de Venezuela, constituye un refugio irreemplazable para los
mamíferos, los pájaros, los árboles, los
helechos y las orquídeas de los bosques húmedos
de Cordilleradel Costa. El desarrollo no obstante también
no se caracteriza del lado del mar del Caribe, donde las bahías
de Cata, Cuyagua y Choroní se enorgullecen de espléndidas
gamas. En cuanto a las otras bahías, como las de Chuao
y Seta, ninguna carretera los sirve y bien los pocos extranjeros
los alcanzan nunca.