Masaya,
llamado la ciudad de las flores por Rubén
Darío, es un lugar encantador que hace bien visitar a
pie, sobre todo si llega justo de Managua. Sus calles se esmaltan
de bicicletas y costados de edificios coloreados a los tejados
de tejas. Se logra una atmósfera hormigueante, aumentada
por el sentimiento que hay algo que hacer o en alguna parte
donde ir. Masaya se enorgueillit por otra parte de una larga
historia como uno de los centros de la población indígena
del país.
Masaya ocupa un lugar importante en la historia de Nicaragua,
y, aunque, como en el resto del país, la vida moderna
vibrando concede poco lugar a la historia, se encuentran sin
embargo una serie de monumentos y museos que conmemoran las
cumbres hechas de su pasado. La historia se graba en sus calles,
sus edificios y sobre la cara de sus habitantes. La ciudad descansa
en una región tradicionalmente indígena donde
se dice que población amerindia supió a los primeros
colonos una agresiva.
Masaya se reconoce hoy como centro de artesanía, y su
mercado atrae no sólo a los visitantes extranjeros, sino
también de los Nicaragüenses venidos de otras regiones
del país. Profundamente las tradiciones populares de
Masaya muy se afianzan en el alma de los habitantes, y se celebran
todos los meses de pequeños festivales. Los mejores días
de festividades permanecen sin embargo los días 29 y
30 de septiembre, durante los cuales se puede participar en
el Fiesta de San Jerónimo. Se reproducen fotografías
de bailarines encubiertos tomadas en este festival a menudo
sobre la página cobertura de los folletos turísticos.