Encontrándose
por 85 km de Cuenca y datando de más de 500 años,
Ingapirca asciende a 3.200 m sobre el nivel del mar sobre los
lados de una montaña que sobresale por algunas casas
y de extensos terrenos consagrados a la agricultura y a la ganadería.
La historia dice que es a Huayna Cápac que vuelve de
nuevo el honor de construir a Ingapirca. El yacimiento arqueológico
de Ingapirca fue un lugar antes notable donde se ejercieron
a la vez la influencia del Cañaris, de los Amerindios
que vivían antes sobre estas tierras, y la del Incas,
que se instaló un poco más tarde. No obstante,
después de la llegada del Incas, estos lugares mucho
se caracterizaron por su presencia. Aunque este yacimiento arqueológico
inca sólo sea accesible a los turistas desde 1966, se
describió por primera vez en 1739 por Charles Marie el
Condamine.
De
dimensiones modestas, Ingapirca no constituye menos el testigo
mudo más importante de la presencia inca en Ecuador.
Las ruinas se articulan alrededor de una plataforma central
que servía probablemente de lugar de culto y que, por
esta razón, se designa bajo el nombre de Templo del Sol.
Alrededor se elaboran las ruinas de numerosos edificios, entre
los cuales se pueden percibir escaleras y puertas de forma trapezoidal,
típicas de la arquitectura inca. En efecto, estas puertas
resisten mejor a los seísmos que las formas rectangulares.
Se arreglan todas las piedras del lugar así las unas
minuciosamente contra el otros que los visitantes creen que
se sostienen sin ninguna argamasa entre ellas. Sin embargo,
al observar de cerca, constatará que se coloca una sustancia
en exceso fina entre las piedras para armarlos.
Sólo
el Templo del Sol sobrevivió al peso de los años,
y se puede apreciarla excepcional solidez de esta construcción
observando que una buena capa de mortero existe entre las piedras
de los otros vestigios que componen este lugar hoy restaurado.
Alrededor, se han descubierto recientemente los vestigios de
sepulturas que databan de este tiempo, y las excavaciones que
se continúan se permitirá episódicamente
seguramente descubrir otros. Estas ruinas hacen pensar en la
fortaleza militar o a un lugar religioso, pero su significado
real escapa aún a los historiadores y arqueólogos
que sigue siendo perplejos y confuso al respecto. Éstas
no se comparan de ninguna manera a las famosas ruinas de Machu
Picchu, en Perú, pero encantarán a los aficionados
de historia y viejas piedras. Para los que no se limitan a lanzar
un vistazo rápido y quieren incluir aún más
la arquitectura y el simbolismo de los lugares, es preferible
volverse acompañado de una guía.