Carnavales
y samba, fútbol y playas de sueño, o todavía
el infierno verde amazónico, he aquí las primeras
imágenes que vienen a la mente cuando se piensa en Brasil.
Este país grande como un continente, a las facetas múltiples,
le es un mundo a solas.
En general, en el momento de su primer viaje, descubrimos Brasil
a través de Río de Janeiro y su bahía conocida
para ser una de los más bellos del mundo. A algunas centenas
de kilómetros de ahí se extiende la rival de Rio,
y sin embargo ciudad por muy diferente de Sao Paulo, la metrópoli
más grande de América del Sur.
Los fabulosos sisea de Iguaçu, las ciénagas vastas
de Pantanal, las ciudades coloniales de Minas Gerais y sus vestigios
de la época de las riadas hacia el oro y el diamante,
las playas infinitas y la cultura afra braileña de Nordeste,
sin olvidar la selva amazónica, el pulmón de la
tierra.
Pero este país fantástico, no sería completamente
lo que es sin la alegría de vivir, el relajamiento y
la despreocupación comunicativa de los braileños.